Desde que sean capaces de sujetar un lápiz pueden empezar a garabatear, aunque hasta los 3 años no empezarán a dar nombre a sus garabatos. No obstante, es importante introducirles en el mundo del arte cuanto antes.

Pintar es muy beneficioso para los niños ya que desarrolla en ellos habilidades tan importantes como la imaginación, la creatividad, la motricidad fina, etc. Por eso, es conveniente estimular y alentar en los niños esta capacidad desde bien pequeños. No se trata de que se conviertan en grandes artistas, sino de aprendan a expresar sus sentimientos y emociones por medio del arte.

Por eso, desde que tu bebé sea capaz de coger un lápiz de colores debes proporcionarle los materiales necesarios para que pueda dibujar y pintar. Normalmente, desde los 12 meses son capaces de agarrar un lápiz y pueden empezar a garabatear sobre un folio, aunque estos primeros trazos no tendrán ningún sentido. El pequeño garabateará para sí mismo y, muchas veces, incluso estará mirando hacia otro lado mientras lo hace.

No obstante, aunque a los adultos nos parezca que estos dibujos no sirven de nada ni significan nada, son una manera estupenda de explorar su Yo. Además, el hecho de trazar líneas les resulta sumamente agradable, disfrutan del movimiento y de la actividad kinestésica.

Alrededor de los 2 años estos garabatos se harán coordinados y empezarán a presentar una una ordenación cíclica, espacial y temporal inédita. Ya pueden hacer garabatos circulares, bucles, garabatos de golpeteo (puntos, comas y plumeados)…

Además, pueden empezar a usar otros materiales para probar y aprender los colores, como plastilina, gomets, algodón, etc.

A medida que se acerquen a los 3 años empezarán a controlar sus garabatos a incluso a hacer trazos lineales. Es un gran avance ya que les sirve para descubrir el control visual sobre sus trazos. En esta etapa suele entusiasmarles pintar, por lo que hay que seguir estimulando esta área. Aparecen nuevos trazados en su dibujo y empiezan a combinar los colores.

Como decíamos, no es hasta los 3 a 4 años cuando empiezan a dar nombre a sus garabatos, aunque para los adultos sigan siendo totalmente irreconocibles. Esto significa que el niño es capaz de darse cuenta de que sus dibujos pueden representar el mundo que le rodea. Un momento clave en su desarrollo artístico.

Los padres nunca debemos guiar su mano ni obligarles a copiar o imitar otros dibujos, tan solo debemos darles libertad para crear a su aire.

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