Los garabatos de los niños son una expresión de su inteligencia, su desarrollo, su creatividad y su expresividad. Por eso, debemos dejarles dibujar libremente.

El dibujo es un modo de expresión ya desde bebés. Desde que los niños son capaces de sostener un lápiz de colores, conviene darles los materiales adecuados para que pintar y colorear ya que dibujar fomenta su motricidad fina, su imaginación o la expresión de sus emociones. Así, los garabatos de los niños, aunque a primera vista parezcan no significar nada, pueden decirnos mucho de ellos:

  1. Por ejemplo, si el niño coge el lápiz de una forma forzada, indica que el pequeño está tenso o nervioso. Mientras que si lo coge de una manera normal, indica entusiasmo.
  2. Si ocupa todo el papel, indica seguridad confianza, curiosidad… pero si solo dibuja en el centro del folio, significa timidez, introversión, etc.
  3. La zona elegida para dibujar también nos da pistas sobre el carácter y el temperamento del niño. Por ejemplo, los trazos en la parte superior están relacionados con la imaginación y las ganas de explorar el mundo. En la parte inferior se relacionan con necesidades materiales. Los dibujos que se empiezan por el centro indican egocentrismo. Los garabatos a la derecha tienen que ver con la necesidad de independencia y crecimiento; mientras que a la izquierda todo lo contrario, son niños muy apegados a sus madres.
  4. La elección de los colores también es importante. Así, el amarillo representa la curiosidad y la alegría; el rojo, la vida y la pasión; el azul, la paz y la calma; el naranja, la sociabilidad; el negro, la inconsciencia, etc.
  5. Los trazos firmes y estables indican soltura y predisposición a aprender nuevas cosas. Los trazos rápidos implican impulsividad.
  6. Las formas redondeadas indican seguridad, alegría, libertad, generosidad… Los ángulos timidez, nerviosismo, tensión…

Hasta los 3 años los niños solo hacen garabatos descontrolados, es decir, sin una intención predeterminada. Es a partir de esta edad cuando empiezan a dar nombre a sus dibujos aunque no tengan aún ningún sentido para los adultos ni se parezcan a nada de la vida real. Y, a partir de los 4 años, la representación empieza a parecerse a la realidad y los adultos podremos empezar a reconocer lo que hay en el papel. También los colores elegidos empezarán a ser los de la vida real, aunque será normal seguir viendo algún elefante rosa, por ejemplo.

Es importante dejarles siempre pintar a su aire sin márcales unas pautas. Lo único que debemos hacer los padres es proporcionarles los materiales necesarios y alentarles a pintar y expresar su creatividad por medio del dibujo.